El post del día de hoy no tiene nada de arte. Es simplemente una pequeña crítica no-constructiva personal hacia la sociedad actual. Pero las críticas no-constructivas sugieren disturbio, y los disturbios tienen rock (?), y el rock no tiene necesariamente arte, pero puede tenerlo.
Bueno, dejando las estupideces de lado, el otro día estaba viendo la tele y pasaron un aviso de Activia (si, el yogurt). Más allá de no encontrar en mi ignorancia razón que explique la necesidad de comer un yogurt para ir al baño, o sea, forzar a hacerlo, me llamó la atención particularmente que el comercial se dirija a un público femenino. No me pareció que esté mal, solo me hizo preguntarme ¿¿Por qué?? ¿Las mujeres tienen más temas para cagar que los hombres? O quizás les gusta más. O quizás…. Naa… ¿No será que por cagar más engordas menos? Y, ¿A que llaman tránsito lento? Bue bue, perdón por mi falta de conocimiento, sinceramente lo siento.
Pero todas estas cuestiones escatológicas, estas… ehh… incomprensiones biológicas que atañen a ese magnífico ser al que llaman “”Mujer”” (mamífero vivíparo de sexo único y con un especial uso de la conveniencia), no son el punto de mi reflexión (gracias a dios). Mi segundo pensamiento, luego del primer impacto del aviso púrpura, surgió al relacionar y darme cuenta que absolutamente todos los avisos comerciales cuyo target se defina como “Mujeres de 15 a X años” serán avisos con el acento en la seducción, ya que parece ser el mayor interés femenino. Lamentablemente, y para la tristeza general, lo que antes era el único segmento femenino que se salvaba de esto, o sea el de las madres, quedó incluido con la nueva tendencia de “la madre más linda y el nene que la mira con cara de enamorado”. La pregunta del millón es si estamos hablando de superficialidad o vanidad en su máxima expresión, por mi parte creo que tiene un poco de las dos. En fin, bajísimo.
¡Pero no se preocupen mujeres! ¡Alcancé el tercer nivel de pensamiento y descubrí que hay alguien que puede hacerles sombra en lo triste que son! Coger, comer y enfiestarse como sea. Si, los hombres somos una especie muy básica, nos ponés una tele donde haya una pelota, nos das un vaso de cervecita y se acabo. No más problemas. Y el mundo de los negocios lo sabe perfectamente: Un pibe al que le salta un ejército de minas después de ponerse un desodorante determinado, una tarjeta de crédito que te da el poder de satisfacerte en cualquier sentido (y te hace “canchero”… aprovecho la oportunidad para decir que ese aviso me parece inmundo y no entiendo cómo puede tener el éxito que tiene!!!), una tele que te permite ver los partidos como estando en la cancha, etc. Lo de siempre pero con más colores y HD. En fin, está claro, lo único que buscamos es pasarla bien, saciarnos en el sansara, nada de trascendencia, seres perfectibles ¿Qué es eso? Pfff Convertite en pizza!
Aún así no me conformé, todavía me quedaba el paso obvio, la reflexión obligada. ¿Qué está pasando acá? ¿Cómo se llego a esto? Lo del hombre está bien, porque de última siempre fue así. Pero la mujer, la mujer… Podríamos decir que el siglo pasado existió una “rebelión feminista”, una emancipación del género. Ya saben, el derecho a votar, el derecho a ser… escuchadas. Lo que antes era (en su mayoría) una compañía y/o una madre pasó a ser una pieza vertebral en la estructura social, un signo vivo del cambio de era. Así fue como estas criaturas asesinas, al tener su propio dinero, sus propios cargos gerenciales, su propio todo al igual que el hombre, crearon su propio mercado. ¡Ja! Pero hay una diferencia mis pequeños angelitos fálicamente incompletos. La mujer es estadísticamente muy superior al hombre en sus hábitos de consumo. Entonces la evolución de la apertura mental que experimentamos después de los ’60 y de toneladas de LSD y rock n’ roll, derivó en cantidades innecesarias de ropa en las vidrieras; en las góndolas productos absurdos para el pelo, los ojos, las manos, la piel, etc.; pociones para la menstruación y sus dolores; toallitas; ¡Cremas! Uhh todo tipo de cremas, hasta para cosas que saben que no es verdad, pero por las dudas…; y bueno, obviamente, yogures para ir al baño. Y ahí están, tras milenios de esclavitud, levantándose contra todo pronóstico. Buscando el dominio, descubriendo la facilidad con que pueden llevar de acá para allá al hombre y hacer lo mismo que hacen noche tras noche (tratar de dominar al mundo, ¿qué pensaste?). Tiene sentido, entonces, que esta compulsión consumista sea aprovechada por las grandes marcas ofreciendo productos que prometen lo que más quieren.
Y bueno, para terminar, les cuento que use mi poder asociativo una vez más y me di cuenta que todo cuadra. Ante la superficial y totalmente lineal búsqueda del hombre de saciarse carnalmente, la mujer moderna le muestra un papel activo en la conquista sexual. Lo que al fin debería ser una sociedad equilibrada se transforma en la sociedad más machista de la historia. Pero no es culpa de la dualidad de sexos en el ser humano, ni de la ambivalente relación entre ellos. Es culpa de la evolución histórica del mismo, de su inalterable caminar hacia su propia extinción. Bautizaré este fenómeno como “implosión social”. ¿Qué sería la implosición social? Otra forma de llamar a la globalización, a la sociedad de consumo (exhaustivo y envenenado consumo), a la falta de valores reales, a la deificación del propio yo, la victoria aplastante de la vanidad, la ceguera de la contemplación, la superficialidad de las masas contentas con sus coquetos productos, el exceso de información, la constante duda, la dependencia sexual, las relaciones vacías y la falta de libertad.
Lamentablemente dudo que muchos hayan llegado hasta esta parte del texto, y particularmente me jode la falta de introspección. Así, no quiero pasar por un renegado o un ocluido sino que intento expresar una mirada personal, un pequeño y solitario aporte.
“No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando a mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados” (Adam Smith)







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