¿Y qué si después de todo puedo recorrer el mundo sin moverme de una silla? ¿Y qué si la imaginación pudiese, en verdad, explorar mil millones de veces las cosas que nuestros pensamientos pesados y torpes se esfuerzan en negar? Pero aún así continuamos fervientemente con nuestra obstinación, con esa capacidad tan sensata de conformarse con que la magia no existe…
¡Que la magia no existe!
Pff es mucho más fácil esto que intentar reír. Y cuánto más fácil que intentar hacer reír a los demás riéndose de la propia realidad.
La obra
Título: Giro Giro Tondo Producción: Producción independiente del grupo teatral Piedra Libre. Elenco: Guillermo Otalora Micaela Picarelli Florencia Fiori Mercedes FlammaGiro Giro Tondo es un espectáculo teatral dirigido a un público infantil (unos siete años o menos), también es un viaje saturado en colores y metáforas visuales, es un vuelo mágico a la imaginación, una ironía del mundo real y una burla burda y cruel para las mentes estructuradas. Y para argumentar mis palabras ante lo que puede parecer un exagerado uso de la hipérbole, puedo decir que la obra, de principio a fin, muestra un manejo del detalle que en un caso normal exigiría un grupo de trabajo de unas quince personas mínimamente. Pero no son quince. Son Cuatro. Y siendo cuatro exprimen el jugo de cada escena, de cada figuración, del movimiento más intrascendente del más intrascendente personaje, hasta el manejo del concepto de la obra misma.
Absolutamente todos los elementos que componen la comedia son objetos con un fuertísimo poder de estímulo sobre la imaginación, ya sea por su forma, sus colores o su función. Es el caso, por ejemplo, de la vestimenta y los disfraces, del maquillaje, de los dragones, los monopatines, las banderas, los mapas, los cofres y hasta el mundo mismo (juro que no exagero). Y para completar lo que ya de por si parece suficiente, todo esto se encuentra perfectamente escoltado con una selección musical que va desde Kusturica hasta la música de El Padrino. Incluso podría decir que la obra tiene carácter de musical, pero lamentablemente el elenco nunca cumple con la expectativa que genera en el público de lanzarse a cantar. Este quizás sea el punto negativo más fuerte que pueda encontrar.
No soy ni de cerca un crítico de teatro y mis recursos para criticar tal cosa se reducen básicamente al hecho de que la obra me haya gustado o no. Es más, podría decir que no vi suficiente teatro en mi vida como para siquiera lanzarme a hablar del tema. Sin embargo, esto es diferente. Este caso particular me hace trascender de lo que pueda decir sobre una actuación, o un argumento o lo que sea que sea o se pueda decir. Desde el momento en que se apagaron las luces, el sábado pasado cuando fui a ver la obra, y saltaron a escena esas cuatro personas, todo cambió, mis expectativas quedaron titánicamente aplastadas por lo que mis ojos estaban presenciando. De un momento a otro pude ser testigo de cómo ellos cuatro conquistaban el mundo en un escenario que no superaba los cinco metros cuadrados.
No puedo determinar exactamente si la magia de todo residía en el espíritu “casero” de la obra, del “todo a pulmón” que emanaba por doquier en cada detalle ínfimo, o si en verdad lo que estos chicos hacían frente a mi no es menos que un diamante en bruto que podría difundirse de un día para otro por todo el país bajo una superproducción teatral. Tampoco puedo terminar de entender si lo que estaba viendo era fruto de la casualidad, de alguna inspiración fugaz que lo hacía realmente increíble, o si en verdad lo que estaba pasando era el completo fruto de un cambio de perspectiva o de una genialidad.











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