Denis Johnson (Munich, 1949) es un poeta-escritor norteamericano de culto. Su prosa es cruda, sensata y poderosa. Johnson militó en las líneas del Taller de Escritura Creativa en la Universidad de Iowa (al igual que: Raymond Carver, Jim Dodge, John Cheveer y Kurt Vonnegut). Como buen veterano de guerra, regresó para dar clases a los neófitos del mundo de las letras. Desde muy chico su dolor y éxtasis por el mundo le empezaban a taladrar la cabeza y, para su salvación y la nuestra, encontró en las duras teclas de una máquina de escribir, el portal que lo llevaría (sin restricciones) a un mundo mejor, más cálido, más real y por lo tanto, más reconfortante.

Jesus's Son (1992) de Denis Johnson
Su espíritu lleno de hambre, cedió a los cócteles químicos, en un sin número de ocasiones. Cócteles que en algunas ocasiones, lo llevaron a dormir con sangre en sus manos, tierra en los dientes y electroshocks gastrointestinales. Estamos hablando de un verdadero santo como pueden ver.
Con sólo veinte años Johnson publica: The Man Amongst the Seals:Poems y se abre un espacio en el hall of fame de la literatura norteamericana. Desde este punto, Johnson sólo sube, eso sí, nunca al penthouse… Johnson no cree en esas cosas. En 1982 se lanza a mar abierto con Angels (su primera novela), de la cual no voy a hablar, dado que recién –sólo veinte o treinta páginas atrás- estreché la mano con su protagonista Bill Houston, besé los labios de Jamie, acaricié el cabello de Miranda, cambié los pañales de Baby Ellen y no creo que sea prudente de mi parte que hable huevadas, por no conocer -del todo- sus increíbles vidas.
Lo que nos lleva a Jesus’ Son(quisiera que está crítica fuese un prólogo, para poder continuar la frase con la siguiente frase: Que es el libro que llevan en sus manos, pero como no es el caso, continuo con la siguiente frase): Que nos narra (en once cuentos) las idas y venidas de un heroinómano pletórico. Enamorado del solitario paisaje. Enamorado de su VW escarabajo verde. Enamorado de su mujer cabellera-de-fuego. Enamorado de la lluvia (de cada una de sus gotas). Enamorado de las agujas. ¿Y por qué no? Enamorado de la sangre y las carreteras infinitas.
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